ENTRE DIOS Y LOS DIOSES

En memoria del escultor Miguel Ángel Sáinz

Algunas madrugadas homicidas aun siguen madrugando muy temprano.

Una de ellas se ha llevado a Miguel Ángel Sainz como del rayo. Ha despojado de golpe a "la Aldea" de su druida y de su bardo. Las esclusas del dolor desbordan por las calles y las plazas. El caballo de Ontañón relincha (igual que el de Picasso), su alarido desesperado y mudo. Dionisos se ha embriagado en dolor y amargura. Los músicos de Lobete - Foto: Fede Los músicos de Lobete tocan quedo. Los doce Alcaldes de Santa Coloma, en Pleno extraordinario, han acordado un siglo de silencio. A la lechosa luz de sus vitrales en los templos

¡los Santos han llorado. Entre tanto, alguna de sus Venus, -de sus Venus tiernas y lascivas-, por los rincones, se oculta en desamparo.

Y en el centro solar del desconsuelo andamos rastreando una respuesta a tanto desvarío, a tanta destrucción de los tesoros de un arte aún no creado (y ya imposible), a tan desmesurado despilfarro del artista y del hombre.

Hace muchos años coincidí con Miguel Soriano (también ya ausente) en una exposición. Acababa él de regresar de un viaje a Madrid o a Barcelona -no recuerdo bien- y me contaba que había visitado durante dicho viaje una importante muestra retrospectiva de la obra del pintor Mariano Fortuny, muerto también en plena juventud (¿A los treinta y tres años, quizá?), y cuando su obra había alcanzado ya un grado de madurez, perfección técnica y libertad expresiva como muy pocas veces ha sido dado alcanzar a artista alguno a tan temprana edad.

Soriano,- todavía bajo la magia de la obra fortunyana- concretaba su elogio a artista tan excepcional con brillantez y con sentido del humor. Me explicaba que contemplando la obra insuperable y rotunda del genio de Reus, aún encontraba algún sentido, siquiera remoto, a una partida tan prematura - "Porque -decía- ¿Qué se podía pintar ya, a partir de las increíbles cotas de perfección y de libertad que llegó a alcanzar en sus últimas obras?"- y concluía -"Ya no le podía quedar nada por descubrir ni por crear. Nada ya por hacer o demostrar en la vida"-. Y remataba el matemático y pintor logroñés con un guiño a la modestia realmente sutil -"Me temo –apostillaba- que yo tendré que vivir muchísimos años"-. El gran Soriano, comprometido pintor (cuando quiso serlo), en la orilla siempre de la experimentación y del riesgo -dandy también en las ideas- rendía así su particular homenaje de admiración al genio de Fortuny.

Ganímedes 2000 - Foto: Bod Ontañón

Hoy, al ver partir a Miguel Angel, al contemplar por última vez su hermosa cabeza de semidiós o de ángel, me viene a la memoria aquella reflexión bienhumorada de Miguel Soriano. Hay unos pocos seres humanos tocados de la gracia que realizan la tarea que les ha correspondido con desparpajo, con alegría, con maestría, con generosidad, con celeridad y sin aparente esfuerzo. Y hay ocasiones en que, inexplicablemente, se nos van de pronto, sin que nadie alcance a explicar semejante despropósito.

Mas para el de Aldeanueva no sirve la teoría de Soriano. Había alcanzado, en efecto, la madurez artística y el magisterio de los más que dotados. Pero en treinta y muchos años previsibles de actividad creativa, que aún le esperaban razonablemente, el titán de "La Aldea" hubiera tenido todavía en su horizonte un universo entero de grupos escultóricos, vitrales, pinturas, dibujos y diseños exclusivos (en catedrales, parroquias, monasterios, plazas, palacios, bodegas y tabernas). Miguel Ángel no ha muerto. A Miguel Ángel nos lo han arrebatado.

Diversificó su genio creativo entre Dios y los dioses. En un continuo bascular de lo dionisiaco a lo místico y viaje de retorno. Del templo del sacrificio al del dios Baco. En un partir y tornar inacabable de Afrodita a María. En esquizoide transitar de Apolo a Cristo y desde este a Epicuro. En permanente búsqueda imposible (mágica a veces) de conciliación entre lo sacro y lo pagano. ¿Qué ha podido pasar? ¿Ansia de posesión exclusiva y excluyente? ¿Cuestión de celos entre Olympo y Paraiso? ¿Un viejo pleito competencial acaso?.Apenas puede caber la menor duda. Al malogrado maestro de "La Aldea", o su Dios,o sus dioses, lo han raptado.

Miguel Ángel Ropero Sáez

 

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